Naturismo Ecuador

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viernes, 6 de abril de 2012


Desnudarse

Por: Juliana Muñoz (julianadelaurel@gmail.com)

Desde el erotismo, pasando por la protesta, el arte, la literatura y el exceso, el acto de desnudarse es también una sugerencia para hacer una reflexión distinta en torno a lo cotidiano. Estos son algunos apuntes desnudos sobre el tema.

/ SPENCER TUNICK / SPENCER TUNICK

¿Por dónde empezar a desnudarse? Se nace sin la posibilidad de hacerlo, se nace con un abrigo de piel que no protege contra el frío. Años después se vuelve a estar cerca del nacimiento. Volver a vivir después del orgasmo. Yacer desnudos después del amor, aunque luego no nos permitan morir desnudos. Terminar vestidos en un cofre.
Es difícil alejarse de la connotación sexual de la desnudez. Está relacionada con lo prohibido, con el deseo, con la intriga de que sólo nos separa del otro un par de telas, con el conocimiento de sí mismo y un autoexplorarse a través de ese otro. Hablar de amor y deseo puede ser muy etéreo, pero hablar de la carne es volver a la tierra, convertir al deseo en ‘algo’ alcanzable. También la evolución tiene que ver con esta asociación. Desmond Morris, zoólogo y etólogo, hablaba de que somos monos desnudos, y esa desnudez intensifica la unión de la pareja por un mayor placer táctil.

 No hay que alejarse entonces de la sexualidad. Más bien explorar otras posibilidades para desnudarse.

Frente al espejo, como protesta, como profesión, como arte o como tratamiento: “Cuando uno queda expuesto en toda su patética desnudez, ya no le queda nada que perder. ¡Por fin una terapia que funcionó!”, dijo el historietista estadounidense Art Spiegelman.
Desnudarse y ver el reflejo. Es la desnudez de las verdades inocultables, como la edad, las cicatrices, los tatuajes. ¿Para qué verse en el espejo? Astrid Gutsche, repostera y esposa del chef Gastón Acurio, aseguró que, para saber si conserva la línea, salta desnuda frente al espejo y si le gusta lo que ve, todo va bien. Hace medio año se filtraron unas fotos que la actriz Scarlett Johansson se tomó frente al espejo. ¿Por qué no? Abrirle la puerta al Narciso propio o hacerle trampa a la desnudez automática, a la de bañarse y no ser consciente de que se toca un cuerpo.


Desnudarse como protesta. Porque llama la atención, atrae cámaras, impacta, molesta a las autoridades. El año pasado 30 jóvenes se desnudaron en el páramo de Santurbán para mostrar su desacuerdo con los proyectos mineros en Norte de Santander. Periódicamente se desnudan decenas de personas que rechazan el uso de la piel animal como prenda de vestir.


Spencer Tunick, el fotógrafo de las multitudes desnudas, ha dejado varios debates abiertos sobre lo público y lo privado, lo aceptado y lo rechazado. Ha enfatizado que no se trata de una invitación erótica, sino de elogiar la vida, la belleza, la paz. De dejarle de temer a la desnudez para empezar a cambiar la sociedad.
Desnudarse como profesión. Como lo hacen los modelos de arte o los que trabajan en un bar de striptease. Oficios que tienen el encanto de practicarse por afición. De hecho, se puede hacer una larga compilación de música para quitarse la ropa con la excusa del baile, como You can leave your hat on, de Joe Cocker, aprovechada magistralmente por Kim Basinger en Nueve semanas y media. También hay que recordar el video de Rock DJ, en el que Robbie Williams hace un striptease en el que logra captar la atención de las mujeres que lo rodean cuando se quita la piel y les lanza su carne.


Y desnudarse en un grupo. El nudismo como una práctica de libertad y tolerancia, de seguridad en sí mismo. Nadar desnudo, correr desnudo, dormir desnudo... son todas escenas que suelen relacionarse con el concepto de libertad, a pesar de la vergüenza y el pudor que genera en muchos.

El arte desnudo


El nacimiento de Venus, de Botticelli, La maja desnuda, de Goya, el David, de Miguel Ángel, la Afrodita de Milos y cientos de obras más que, como en toda antología, caen en la injusticia de no alcanzar a ser nombradas. Deidades de la fertilidad y de la masculinidad, del erotismo, de la perfección como proporción. O no. Como los trazos surrealistas de Salvador Dalí o los grabados eróticos de Pablo Picasso en los que los desnudos rompen con la estética de la proporción y llegan a lo onírico.
Los hombres de Luis Caballero, que le dieron fuerza al desnudo masculino. El retrato de Toulouse-Lautrec, en el que lo erótico está en la mujer que se viste, ajusta sus medias. O un vestido desnudo en el cuadro La filosofía del dormitorio, de Magritte.
El desnudo como una forma de arte y no como un tema de arte, como explicaba el historiador Kenneth Clark, porque estar desnudo no es lo mismo que mostrarse sin ropa. El primero no tiene ningún tipo de filtro cultural, el segundo, o el desnudo artístico, está determinado por cada época, contexto social y moral. De ahí que desnudarse fuera tan diferente en otras épocas.

Desnudarse con palabras porque “las palabras hacen el amor”, proponía André Breton, porque también significa mostrar la verdad. Y las palabras sobre la desnudez en la literatura universal. Otra antología arbitraria. Por ejemplo, el hombre que fisgonea desde el tejado a una dama que toma una ducha en los Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

De él también la memorable escena de dos viejos que se desnudan en El amor en los tiempos del cólera: “La vio desnuda hasta la cintura, tal como la había imaginado. Tenía los hombros arrugados, los senos caídos y el costillar forrado de un pellejo pálido y frío como el de una rana”.
Octavio Paz escribía “mis ojos te descubren desnuda y te cubren con una lluvia cálida de miradas”, y Vicente Aleixandre: “Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente entreabierta, por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce, por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias”. Desnudarse, más que la desnudez misma, como recurso en la poesía erótica.

Desnudarse hoy


¿Quién fue la primera actriz que se desnudó en una revista, en la TV, en un cartel? ¿La primera que transgredió la norma, la que causó escándalo y sensación, que fue revolucionaria en una sociedad conservadora? Ha tenido tantas, miles, seguidoras que se desnudan, prenden polémicas, que pocos las recuerdan ya.
“Los tiempos son otros y un desnudo en el prontuario pesa menos ahora que hace cuarenta años”, dijo Andrés Hoyos. Las revistas que más se venden son las que tienen en su portada más piel que ropa, alguien dijo “vote por mí y me desnudo”, agencias publicitarias adoran a las modelos que escasas de ropa sostienen cualquier producto, programas de televisión que tienen que ver con la invasión de la privacidad para volverla pública.
Alguna vez Juan Villoro escribió sobre la Miss Universo y policía rusa, Oxana Fedorova, que se veía mejor vestida de policía que de reina: “Una mujer de tropa, imprecisa y perfecta. En cambio, en traje de baño se asimila a los miles de cuerpos que trabajan en pro de la venta de desodorantes”. Parecen terribles tiempos en los que la desnudez no distingue: uniforma.
“Mirar un pezón es una rutina ciudadana. Y algo más: el pezón vive en un cuerpo rutinario”, escribió Villoro. En lugares comunes la desnudez pierde su tabú y queda poco por transgredir. Se extermina el deseo al hacerlo cotidiano, vulgarizarlo, quitarle el misterio. Hace falta poder decir: “no te puedo conocer totalmente”.
¿Cómo hacer que el que ya lo vio todo quiera ver más? Tal vez en ese ‘cómo’. Cómo desnudarse, qué acompaña al desnudo: un rostro, un gesto, una situación, una prenda. Vendar los ojos para imaginar la desnudez bajo el tacto. Algún poeta elogiaba a la cortesana que, sin más que mostrar, se despojaba de sus joyas con la sensualidad de quien tiene secretos. Acariciar desde adentro de la piel, la posibilidad de desnudarse más.

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